Hipótesis: Proyección de la culpa alemana en Hanna
Bernhard Schlink nació el 6 de julio de 1944 en Bielefeld, Alemania. Es un escritor y un especialista en leyes que ha sido juez en el tribunal constitucional en Lander de Renania del norte y profesor de historia de derecho en la universidad Humbolt de Berlín. Es el autor de cuatro novelas policíacas protagonizadas por Selbst, acogidas con gran éxito del público y galardonadas con diversos premios; las cuales lo llevaron a la fama desde su primera publicación en el año 1987. Luego publica El Lector, que fue bienvenida como un gran acontecimiento literario tanto en Alemania como en sus 30 traducciones y se convirtió en un extraordinario best-seller internacional, un clásico moderno. Schlink pertenece a la escuela literaria del postmodernismo, cuyas características se ven claras en su novela "El Lector", como por ejemplo que las verdades absolutas desaparecen y aparecen las afirmaciones relativas, sus novelas invitan a la duda y acerca de ellas, cabe cualquier opinión
La novela de B. Schlink, "El Lector" plantea cuestiones muy profundas como por ejemplo el amor imposible entre un joven adolescente y una mujer madura, una defensa de la libertad y la dignidad personal; y una recreación del doloroso y ambiguo sentir de la sociedad alemana ante su pasado nazi, y por ende, un proceso judicial con el nazismo como telón de fondo en busca de culpables por todo lo ocurrido.
Sesión 2:
En primer lugar me referiré al analfabetismo de Hanna, una especie de minoría de edad que no le permite actuar como una persona educada lo hubiese hecho.
Me referiré también a la culpabilidad alemana acerca de todo lo que ocurrió desde 1945; es decir, que acusar a otra gente no exime a toda la sociedad alemana de culpa por permitir todo esto. Esto lo argumentaré con la siguiente cita:
“El Seminario empezó en invierno, y el proceso en la primavera siguiente… La palabra clave era Revisión del Pasado. Teníamos claro que hacían falta condenas y en nuestro proceso de revisión y esclarecimiento queríamos condenar a la vergüenza eterna a aquella generación. Nuestros padres habían desempeñado papeles muy diversos durante el Tercer Reich. Algunos habían estado en la guerra, entre ellos dos o tres oficiales de la Wermacht y uno de la SS… Todos nosotros condenamos a la vergüenza eterna a nuestros padres, aunque sólo pudiéramos acusarlos de haber consentido la compañía de los asesinos después de 1945… Señalar a otros con el dedo no nos eximía de nuestra vergüenza. Pero sí la hacía más soportable, ya que permitía transformar el sufrimiento pasivo en descargas de energía, acción y agresividad. Y el enfrentamiento con la generación de los culpables estaba preñado de energía”…
“Sin embargo, yo no podía señalar con el dedo a nadie,todas las culpas que se les pudiera achacar a los demás personas de mi entorno social no eran nada comparadas con las de Hanna… Era a ella a quien tenía que señalar con el dedo. Pero, al hacerlo, el dedo acusador se volvía contra mí. Yo la había querido. No sólo la había querido sino que la había escogido”.
Mee referiré por último al trabajo de los verdugos, que se asemeja mucho al de guardiana de campos de concentración, El trabajo de verdugo no se basa en el odio, sino que simplemente en hacer el trabajo bien. Generalmente, las guardianas de campos de concentración actuaban con mucha violencia y odio; pero esto no coincidía con el actuar de Hanna, que se asemejaba mucho más al trabajo de verdugo que al de una guardiana.
“Tampoco los verdugos odian a los condenados a muerte y sin embargo, los ejecutan… No estoy hablando de la obediencia debida. El verdugo no obedece órdenes, simplemente hace su trabajo; no odia a las personas a las que ejecuta. Le son completamente indiferentes. Tan indiferentes, que le da los mismoo matarlas o no matarlas”…
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